Honrar las deudas

Nobleza obliga. Hay que reconocerles algo a las fuerzas políticas que hoy representan los intereses de las corporaciones sojeras y mediáticas: han decidido honrar sus deudas.
Ahora es el momento de pagar todo lo que le han dado los monopolios de la comunicación, aunque para ello sea necesario negar su propia legitimidad representativa, y rechazar futuras cuotas de poder, evitando integrar alguna autoridad institucional que pueda afectar los intereses de esos mismos monopolios. No es recomendable morder la mano de quien los alimenta.
Una a una van cayendo las estrategias de licuación de poder que han ido poniendo en el camino del oficialismo, mientras ven con cierta impotencia cómo se diluye el triunfalismo post elecciones legislativas y el traspié del kirchnerismo no se materializa en la tan reclamada derrota. Se desvanece así la ilusión del co gobierno.
Para voltear el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sostener el status quo mediático, muchos fueron los argumentos que desplegó el bloque UCR-Unión Pro-Coalición Cívica, más que nunca unidos por el espanto. Sin embargo, la inconsistencia de esos argumentos fueron desnudando, paso a paso, el verdadero objetivo de tan desesperada oposición.
“Me cuesta creer que ese argumento haya salido de la cabeza de un legislador”, señalaba Silvia Vázquez, después de escuchar que varios de sus colegas de la Cámara afirmaban que el actual Congreso no tiene legitimidad para tratar y votar una ley. La sospecha que dejaba leer entre líneas la diputada por FORJA es que esa estrategia de deslegitimación habría sido determinada en las oficinas de alguna corporación multimediática.
La línea argumental es tan simple como burda. Reinventando la Constitución a la medida de los intereses corporativos, insisten en que el actual Congreso, que ellos mismos integran, es legal pero carece de legitimidad. La prueba serían los resultados del 28 de Junio y, por lo tanto, cualquier ley votada por el mismo estaría viciada de nulidad democrática. A decir verdad, no cualquiera, ya que la sanción de la ley de Emergencia Agropecuaria fue festejada como un ejemplo de sensatez por parte del Congreso, mientras que el veto presidencial provocó la furia de las fuerzas políticas agromediáticas. ¿Tendrán ahora el secreto anhelo de que la Presidenta aplique la “vetocracia” en este caso?
En definitiva, son las contradicciones que se ponen en evidencia cuando no se manifiestan las verdaderas intenciones políticas. Es por eso que, en el principio del recorrido, agitaron el fantasma de la amenaza a la “libertad de expresión”, para terminar reconociendo que lo que en realidad les preocupa es la “seguridad jurídica” y los “derechos adquiridos” de las corporaciones multimediáticas. El radical Oscar Aguad llegó a ofrecer a su par del oficialismo, Agustín Rossi, sacar la ley en una semana si se evitaba “el desguace de los grandes medios”. Hay que reconocerle la transparencia al jefe de la bancada de la UCR: la oferta la hizo en público, desde un programa que se emite por TN.
Algo que nunca se han molestado en explicar aquellos que se oponen a la ley de medios en nombre de la libertad de expresión, es de qué manera la protege y garantiza la ley vigente, impuesta por un Estado terrorista, y que le da un poder absoluto y discrecional a un organismo unipersonal del Poder Ejecutivo. No lo han explicado, porque no pueden hacerlo, simplemente porque es una legalidad pensada e impuesta para cercenarla y así impedir que las múltiples voces del Pueblo conformen la opinión pública.
El bloque político al que las corporaciones multimediáticas han bautizado “la oposición” apuesta a mantener el status quo mediático. Saben que allí cuentan con una fabulosa maquinaria de propaganda para sus aspiraciones de poder en la carrera hacia el 2011. Saben que con esas corporaciones pueden negociar la agenda de comunicación masiva tomando un whisky en el salón VIP de algún hotel seis estrellas, aunque para ello sea necesario vaciar de legitimidad a las instituciones republicanas.
Pero se equivocan si creen que pueden domesticar al león, porque tarde o temprano van a ser víctimas de su voracidad insaciable. A esta altura, cuando las corporaciones y sus representantes políticos comienzan a jugar a todo o nada, la pregunta es, ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para derrotar al oficialismo?

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