por Mariano Medina
Nos visita por estos días el ilustre Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz 2007. Gore se encuentra en el país en el marco de las Jornadas sobre la concientización del cuidado del medio ambiente y las consecuencias del cambio climático. Su periplo incluye conferencias en Buenos Aires y Mendoza.
Durante su primera disertación, en la localidad de Tigre, ante la presencia del intendente Sergio Massa, alertó sobre los problemas del cambio climático y pidió reemplazar las fuentes de energía basadas en carbono. Con esto Gore hace referencia, fundamentalmente al petróleo, cuyo principal residuo –el dióxido de carbono– es lanzado a la atmósfera de manera sostenida desde la revolución industrial, hace más de 200 años. Estos gases provocan el efecto invernadero, responsable del incremento de la temperatura media en la superficie del planeta. Gore aboga, de acuerdo a lo que puede leerse en su sitio en Internet, por el uso de energías renovables, como la energía solar, la eólica, geotérmica y mareomotriz.
Irónicamente, los países que se industrializaron durante los siglos XIX y XX basaron su desarrollo en las energías que hoy Al Gore condena. Resulta curioso, y esta es nuestra opinión, que intelectuales orgánicos de los países centrales dicten conferencias en la periferia alertando sobre los peligros de un consumo desmedido de combustibles, los cuales contribuyeron a cimentar el desarrollo de sus países. Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago…
Lejos estamos de celebrar la destrucción del planeta. Pero el modelo de desarrollo dicta que para industrializarse, las economías requieren fuentes energéticas eficientes, y que tratar de competir con energías alternativas de baja eficiencia es hoy condenarse al subdesarrollo. Desde esta perspectiva, resulta claro que el núcleo de países que pujan por desarrollarse y convertirse en potencias en los próximos veinte años no tiene opción. En la carrera capitalista, Estados Unidos, Europa Occidental y Japón corrieron con una ventaja que Al Gore les niega a países como China, India, Brasil y eventualmente el nuestro.
¿Cómo exigir a los habitantes de los países del tercer mundo que no intenten alcanzar los patrones de consumo propios del primer mundo? ¿Con qué derecho es posible exigir esto, luego de que han destruido el planeta de modo sistemático, con consecuencias que pagarán nuestra generación y las siguientes?
El cambio de paradigma productivo y de desarrollo, en todo caso, debería provenir de los países centrales, quienes tendrían que subsidiar, para ser consecuentes con el discurso pacifista y ecologista de Gore, el desarrollo de los países periféricos. Estamos claramente muy lejos de una situación como esa, y sin pretender ser agoreros, nos esperan aún décadas de emisiones de dióxido de carbono medido en millones de toneladas al año.

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