Sociedad golpista



por Marcelo De Angelis
La ultraderecha neoliberal ya tiene su candidata. Retomando antiguas cualidades que le valieron ser empleada por el interventor militar de la provincia del Chaco durante el Proceso, Elisa Carrió utiliza el método discursivo de los regímenes terroristas, consistente en la estrategia de la amenaza permanente.
Es relativamente sencillo, basta con tener tribunas mediáticas funcionales desde las cuales lanzar acusaciones, intrigas y sospechas, sin siquiera molestarse en fundamentarlas. “Hay armas”, “van a emboscar a los autoconvocados”, “la gente me dice que a los Kirchner los quieren matar”.
¿Se trata de los delirios propios de alguien que necesita asistencia psicológica de manera urgente? ¿O es acaso la construcción de un clima cuidadosamente planificado con un objetivo determinado?
En cualquiera de los dos casos, la manipulación discursiva de Carrió alcanza altísimos niveles de perversidad. Al mismo tiempo que siembra el terror, señala que “quiere llevar tranquilidad a la sociedad”. Golpea y acaricia al unísono. Policía bueno y policía malo en una misma persona. Torturador y confesor, como los métodos que se utilizaban en la época en que ella era nombrada Asesora de la Fiscalía de Estado por el General de Brigada Antonio Serrano, interventor del Proceso en su provincia.
Ese armado discursivo ficcional de la líder de la Coalición Cívica, apunta a instalar en el imaginario social que vivimos bajo un régimen policial autoritario, con un dictador al estilo Stalin o Ceaucescu (Néstor K) quien desde las sombras controla una maquinaria represiva que somete a los ciudadanos a su enfermiza voluntad.
Por su parte, su socio político, el senador Gerardo Morales –titular de la UCR- comienza la segunda movida de este juego de pinzas que busca acorralar al Gobierno. Este clon de Fernando De la Rúa, recientemente descubrió que existe la pobreza y, junto a Lilita “Descarrió”, impulsa un proyecto de asignación universal por hijo. Según palabras de Alfonso Prat Gay, actual diputado por la Coalición Cívica y ex empleado de JP Morgan (la misma que durante años hostigó a la Argentina con el “riesgo país”), es para “liberar a los pobres”.
Sin embargo, Morales no parecía tan preocupado por la pobreza cuando abandonó en noviembre del 2001 su cargo como Secretario de Desarrollo Social, en el cual habría acumulado varios cuestionamientos por desprolijidades administrativas y generosos nombramientos de correligionarios. Se fue dejando un 40% de la población viviendo en condiciones de pobreza. “Cada día que pasa hay 2.000 pobres nuevos”, titulaba un gran diario argentino.
Ahora, Morales se muestra más preocupado por demonizar a las organizaciones sociales que dieron respuesta a los pobres cuando él abandonaba el barco. Las furiosas acusaciones lanzadas hacia la Tupac Amaru -después de recibir un escrache del que dicha organización ni siquiera participó-, señalándola como “mafiosa”, “organización armada” y “kirchnerista”, echa luz sobre las verdaderas intenciones que persigue esta corriente neoliberal encarnada en la dirigencia radical: separar a las organizaciones de base del Gobierno Nacional.
Luego de la derrota en las elecciones legislativas, los “Partidos del Orden” –como lúcidamente los llama el diputado del SI, Carlos Raimundi- probaron la poderosa influencia que tienen las corporaciones mediáticas sobre las clases medias, y aún sobre algunos sectores populares. Sin embargo, no previeron que el Gobierno Nacional emprendería el camino de profundizar los procesos de cambio, y que las organizaciones sociales, algunas corrientes sindicales e integrantes de las capas medias, comprenderían la necesidad de militar activamente en defensa del modelo productivo, distributivo y con inclusión social, para evitar a toda costa la restauración conservadora que hoy representan principalmente la UCR, la Coalición Cívica, Unión PRO, la Mesa de Enlace y las corporaciones mediáticas.
El Gobierno de Cristina Fernández amenaza con retornar a la militancia, y eso es algo que los Partidos del Orden quieren evitar a toda costa. Pretenden aislarlo, dejarlo sin base de sustentación.

Tal como lo plantean las fuerzas conservadoras –y lo han dicho abiertamente- la “asignación universal por hijo” busca debilitar a las organizaciones sociales. Su existencia y el hecho de que manejen recursos, implica un claro límite al poder territorial de las estructuras partidarias y su sistema clientelar, abriendo la posibilidad a que sean protagonistas activas de los procesos de transformación social, de distribución de la riqueza y de determinación de las políticas públicas.
Los Partidos del Orden –nuevas versiones de Menem, De la Rua y Duhalde- pretenden que se conformen con 200 pesos por mes, a la vez que intentarán restaurar los privilegios de las corporaciones sojeras y mediáticas desde el nuevo Congreso.
Mientras tanto, agitan los fantasmas de una sociedad que mantiene la salida golpista como alternativa simplificadora a todos sus miedos, buscando convencer a esa parte de la clase media que suele perder la memoria a medida que incrementa su capacidad de consumo.
El ex vocero de los militares, Mariano Grondona, lo planteó claramente. “Hay organizaciones armadas, mientras tenemos a la policía desarmada”. Cualquier semejanza con un pasado no muy lejano, no es ninguna coincidencia.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada