Brevísima descripción de una tragedia (I parte)

por Carlos Antunez
Como dice el título, esta es una brevísima reseña de nuestra tragedia como país. No es fácil resumir casi 150 años de historia en unas pocas páginas.
Todos los temas aquí mencionados merecerían un mayor desarrollo pero ello no sería una nota, sino un tratado. Lo importante de éstas notas es marcar las luchas y los proyectos antagónicos -no los métodos, como nos quieren vender los adalides del “diálogo y el consenso”- que se desarrollaron desde casi los inicios de nuestra patria. Ya que ese clima de “crispación y antagonismo” en el que estamos viviendo, no es más que la lucha entre dos conceptos de país, allí es donde se demuestra la falacia del sacrosanto diálogo y lograr acuerdos. En la vieja lucha de la patria ó la colonia, entre la liberación ó la dependencia, no hay términos medios, es imposible ponerse de acuerdo.
En la corta historia argentina hubieron, hasta ahora, tres intentos serios de política nacional pensada para Argentina por argentinos.
El primero, el régimen federal de Rosas, el segundo el radicalismo de Yrigoyen y el último el Justicialismo.
Los tres cayeron casi de igual manera. Al personalismo, la barbarie y la demagogia populista, se le opusieron las “fuerzas democráticas” que lograron desbaratar esas corruptelas propias de la “política criolla”.
Pero, ¿Qué había detrás de esas fuerzas que combatían a las “tiranías”? ¿Por qué no se limitaron solo a reemplazar lo oprobioso del “tirano” en cuestión, sino que destruyeron todo el andamiaje que se había construido para que el país marchara hacia su desarrollo autónomo?
Porque supongamos (Y digo supongamos) que Rosas y su horda de Caudillos eran unos sanguinarios bárbaros (De barbarie, no como sinónimo de descomunal)que no querían dictar una Constitución y con su Mazorca asesinaban a todo aquel que se les opusiera, como si no lo hubieran hecho los “otros”. Bárbaros, las ideas no se matan, diría el Gran Sanjuanino (Me refiero a Sarmiento, no al Resero Blanco, no sea bárbaro).
Por qué habría que aliarse al Imperio del Brasil y comprar al Jefe del Ejército de Operaciones? ¿Por qué abrimos nuestros ríos al comercio inglés, ahogamos los primeros intentos de una industria nacional y sumimos a las Provincias en una pobreza cada vez mayor? ¿Por qué perseguimos a los Caudillos, fusilamos y lanceamos a pueblos enteros. “No ahorre sangre de Gauchos, que es lo único que tienen de humanos” dijo también el Gran Sanjuanino, por lo visto a la frase del principio le faltó agregar “Se mata al que las tiene en contra mía”. ¿Por qué se necesitó exterminar a un País Hermano (Paraguay), que tenía grandes fundiciones y los astilleros más importantes y desarrollados de la América Hispana, sin contar con un nivel de analfabetismo cercano al 0%, todo para que “el comercio escribiera una de sus más gloriosas páginas” (Esta frase la dijo un General que jamás ganó una batalla y que tiene un diario que le cuida las espaldas, según Jauretche, y que siempre gustó de frases grandilocuentes que quedaran en la historia, esa que él mismo se encargó de escribir), terminando de paso con nuestra chusma, los que molestaban al modelo de país que se debía crear?. Porque no nos olvidemos que no hicimos un sombrero a medida de nuestra cabeza, sino que modelamos la cabeza a la medida del sombrero. Un sombrero hecho en Manchester (Con lana argentina, off course).
Porque todo eso era indispensable para hacer lo que se necesitaba.
Una vez desaparecido el adversario, se dedicaron a construir eso, lo que se necesitaba. Mejoramos nuestro ganado vacuno y lanar, construimos ferrocarriles, empezamos a ganarle tierra al desierto (Que no estaba tan desierto por lo visto ya que hubo que guerrear con los que lo habitaban), educamos a los naturales que quedaban y a “todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el territorio argentino” para adaptarlos a las necesidades del país que habíamos creado. Reinventando su historia, modificando su geografía y haciendo de nuestros próceres dioses y demonios que lucharon en una especie de Olimpo allá lejos y hace tiempo (Si el que me lee tiene como yo, casi 50 años, piense que cuando estudiamos La Guerra de la Triple Alianza habían pasado sólo 100 años de finalizada y que mi abuela lo había visto a Mitre caminando por el “centro” cuando ella tenía 5 años).
Así se hizo una Argentina próspera y pujante donde sólo había un bando, los bienpensantes con ideas de fondo iguales, solo los diferenciaban algunas variaciones de método. Ellos eran los que hicieron realidad el sueño de Canning, hicieron una argentina exportadora de materias primas e importadora de productos manufacturados. La Argentina de la dorada década del ’80 (1880), la que estaba entre los 10 países más ricos de la tierra.
Pero, y todo tiene un pero, un buen día, allá por los ’90 (1890) empiezan a aparecer unas fisuras en nuestra economía, las verdades reveladas parece que no son tales y empezaron unos problemas que no se entendían. Hay que deshacer la convertibilidad (¿Le suena?) y todo salta por el aire ¿Qué nos pasó? ¿Por qué pasa esto si hicimos bien todos los deberes, es más la señorita nos felicitaba porque éramos los mejores de la clase?
No entendíamos porque teníamos que entregar cada vez más materia prima para obtener la misma cantidad de manufacturas.
Con toda la realidad falseada, con tantas cosas que nos habían escondido, no podíamos comprender que habíamos alcanzado el “techo” de nuestro desarrollo, o sea que tuvimos que desarrollarnos hasta llegar al nivel que necesitaban las fábricas inglesas, a partir de allí basta, pero claro, como dios era argentino y todo llegaba por la divina providencia, no se entendían las razones.
Entonces comenzó a gestarse un nuevo cause por donde corrieran las aguas del verdadero país, el sentimiento del pueblo marginado de la fiesta de pocos, el viejo sentimiento federal, junto a los hijos de los “gringos”, los excluidos por los hombres “decentes y principales” (Porque los inmigrantes que habían venido, no eran los que nuestros prohombres pensaban, no vinieron ingleses, franceses ó yankees; sino que lo hicieron “gallegos”, “tanos”, “turcos” y “rusos”, todos bárbaros según la visión de ellos). Así apareció la Unión Cívica que luego sería radical, y tenía como caudillo al hijo de un viejo funcionario de Rosas, Don Leandro Alem y como ladero a su sobrino quien sería su continuador. Se gestó la Revolución Del Parque de 1890, que fracasó (Era lógico, ya que uno de sus cabecillas era Mitre, garantía de derrota militar). Así continuamos emparchando la realidad, “ahorramos con la sed y el hambre de los argentinos” para honrar nuestras deudas con el exterior (Deudas contraídas por la ceguera o la traición de las clases dirigentes). Y esperamos que finalizara el siglo XIX.
Comienza el Siglo XX y la Ley Saenz Peña logra que la nueva irrupción de lo argentino no sea violenta. Mientras tanto en Europa, los centros de poder están más ocupados con sus problemas.
Con el comienzo de la I Guerra Mundial, el mapa de Europa y del mundo cambia. Mueren las Monarquías Imperiales y comienzan a gestarse las naciones modernas.
Con todos estos acontecimientos y como nuestros intelectuales también son importadores, se importan ideologías. Por eso a nuestras clases dominantes (Unitarios-Liberales) se le oponen nuevas e importadas ideologías, el Socialismo ó el Anarquismo. Ahora en el País existen la derecha y la izquierda, ambos caminando por la misma calle aunque parecen distintos caminos.
Entonces ante la aparición del Radicalismo con la presidencia de Yrigoyen, los opuestos se unen porque esa “nueva realidad” -para ellos- no la pueden “catalogar”, no está en ningún libro. Los Unitarios-Liberales, sí saben quienes son y también saben que tienen que combatirlos. De ahí que son barbaros, es la chusma comandada por un caudillo populista y demagogo. Otra vez Civilización ó Barbarie.
De ahí sale la cuña que le ponen al radicalismo y aparece Alvear con los Radicales antipersonalistas. El pueblo (Las mayorías) seguía siendo Radical, por eso Don Marcelo Torcuato ganó “caminando”, y tuvo tanta pero tanta suerte que subió en un momento óptimo para nuestro País, un momento donde, una vez finalizada la sangrienta guerra, Europa no tenía tiempo para preocuparse de la periferia ya que estaban reconstruyendo lo suyo y necesitaba con avidez nuestras materias primas para su reconstrucción. Por eso el gobierno de Marcelote fue “exitoso”.
Pero al que no le “vendían gato por liebre” era Yrigoyen. El veía lo que se estaba cocinando, y aunque viejo y achacado, como buen revolucionario y no de cafetín, decide dar pelea y como es obvio arrasa. El Pueblo es siempre el pueblo. Como dice el tango “Soy del partido de todos, y con todos me la entiendo. Pero vayanló sabiendo soy hombre de Leandro Alem”.
Yrigoyen asume así su segunda presidencia, pero con su partido minado y en un mundo y un país en crisis. Por eso la vieja oligarquía viendo que las posibilidades de llegar al gobierno por los medios “democráticos” que ellos habían creado eran cada vez más remotos y teniendo que excluír nuevamente al pueblo, decidieron hacer su revolución. Pero ellos ya estaban “fofos” y no eran ni por asomo parecidos a sus “padres” para agarrar “los fierros”, estos nuevos doctores buscaron quien lo hiciera por ellos y lo encontraron en el ejército, estrenando una nueva forma de compensar fuezas.
Golpe militar, intervención en las provincias, desmantelamiento del andamiaje social armado por Yrigoyen, cárcel al líder y persecución a sus seguidores.
Sobreviene la crisis financiera mundial y el país volvía a quedar chico. Tratado Roca-Runciman para tratar de salvar algo que se caía. Fraude Patriótico, defección de los “Antipersonalistas”, década infame y fin del país agroganadero y del modelo Liberal.
El País-Granja, como dijimos, quedaba chico y por más remiendos que se le pusiera tiraba de sisa y no abrochaban los botones. Los mandones de turno todavía no se dan cuenta que la cosa está cambiando, y no solo a nivel local, sino también a nivel internacional. Los imperios europeos están en crisis y el mundo ya no iba a ser el mismo.

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