por Carlos Antunez
Como dice el título, ésta es una brevísima reseña de nuestra tragedia como país. No es fácil resumir casi 150 años de historia en unas pocas páginas.
Todos los temas aquí mencionados merecerían un mayor desarrollo pero ello no sería una nota, sino un tratado. Lo importante de éstas notas es marcar las luchas y los proyectos antagónicos -no los métodos, como nos quieren vender los adalides del “diálogo y el consenso”- que se desarrollaron desde casi los inicios de nuestra patria. Ya que ese clima de “crispación y antagonismo” en el que estamos viviendo, no es más que la lucha entre dos conceptos de país, allí es donde se demuestra la falacia del sacrosanto diálogo y lograr acuerdos. En la vieja lucha de la patria ó la colonia, entre la liberación ó la dependencia, no hay términos medios, es imposible ponerse de acuerdo.
Dejamos nuestra historia al final de la década del ’30, con su crack económico, sus fraudes patrióticos y la entrega total de los resortes de nuestra economía al capital extranjero. Fue durante ésta década que nuestros liberales perpetraron la más aberrante intervención del estado en contra del “sacrosanto capital privado”, la creación de la Corporación de Transportes, que estatizaba el transporte en la Capital Federal y el Conurbano a favor de las Empresas Británicas.
Llegamos a 1939 y estalla la II Guerra Mundial, nuevamente Europa y ahora también EEUU, quien ya consolidado como potencia, reclama su “espacio vital” en el Continente -América para los americanos, del norte obvio- tienen nuevamente problemas más acuciantes que atender y dejan de “darle bolilla” a asuntos menores – eso es lo que es Latinoamérica para ellos-.
Mientras tanto, el país real, ese que había sido excluido y diezmado después de Caseros, que había vuelto a aparecer con Yrigoyen, derrotado después por la “revolución” de Uriburu y burlado durante la década infame, resurge nuevamente y aparece en escena una nueva clase, que veremos no es tan nueva, el Pueblo Trabajador el que junto a sus sindicatos encuentra al caudillo que los represente. (Decía Jauretche que la defensa del Pueblo fue; 1º el Caudillo. 1 Hombre = 1 lanza; 2º La Libreta de Enrolamiento. 1 Hombre=1 voto y 3º El Sindicato. 1 Hombre=1 Trabajador organizado).
Pero claro, no se entendió que el proceso venia desde adentro. Y como nuestros “ilustrados”, tanto de derecha como de izquierda, solo podían entender las cosas con antinomias europeas. Se creyó ver en las masas que seguían a un militar, al producto de la ideología nazi-fascista (Ecuación fácil: militar + muchedumbre = Alemania nazi/Italia fascista).
Y ahí los vimos a todos, conservadores, radicales antipersonalistas, demócratas, socialistas, comunistas y todos los que hasta ese momento parecían enemigos irreconciliables, unirse en la más patética y evidente muestra de la realidad, una “Unión Democrática” (¿Y el Demos, donde estaba?) bendecida por el embajador de una potencia extranjera ya consolidada como tal.
Acá hago un paréntesis y aclaro algo que creo necesario para la mejor comprensión. No estoy planteando el pueril dilema de extranjero versus nacional, desde esa xenófoba y chauvinista posición que tanto agrada. Lo que expreso es lo siguiente: Si entre los sectores enfrentados en Argentina, la idea de pertenencia fuera la misma, las discusiones pasarían por el cómo y no por el qué. Pero la historia nos demuestra que las necesidades y las aspiraciones de esos sectores son opuestas.
O sea, las potencias extranjeras son eso. Potencias y extranjeras ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que llegaron a lo que llegaron promoviendo lo propio, sus empresas, su comercio, su gente. No son los “malos”, en realidad son los “buenos”, porque son buenos haciendo lo que deben hacer por y para los que confiaron en ellos sus destinos, y le pagan para hacerlo (Con sus impuestos). Por eso, si se encuentran con un adversario hostil, tratarán de doblegarlo, si no pueden por las malas, tratarán de hacerlo corrompiendo a sus dirigentes, y si no pueden, negociarán. Es así de simple, en lo particular lo vemos todo el tiempo.
Por eso desde nuestra libertad hasta el fin de la IIGM, no fueron los ingleses malos los que nos trataron como colonia, si no que fueron los malos argentinos los que no tuvieron la visión de hacer un país en igualdad de condiciones -por ingenuidad ó por codicia-.
Como ejemplo de lo dicho me remonto a las invasiones inglesas, como por la fuerza no pudieron (El pueblo los rechazó 2 veces), lograron lo que querían por medio de la diplomacia y la corrupción (Empréstito de la Barhing Brothers), volviendo a insistir con Rosas mediante el bloqueo de las fuerzas combinadas Anglo-Francesas que culminarían con los tratados Southern-Arana con Inglaterra y Lepredour- Arana con Francia, coexistiendo luego en una casi igualdad.
Hecha ésta aclaración, bien conviene hacer una última. Como podemos ver no son los líderes quienes “inventan” un movimiento, o una expresión político-social, sino que es la gente, el pueblo el que se pone en movimiento y crea o inventa a sus líderes. Ni Rosas inventó el Federalismo, ni Yrigoyen el Radicalismo, ni Perón el Justicialismo, si no que fueron la “corporización” de un sentimiento que estaba en marcha y que ellos supieron representar.
Concluida ésta digresión, volvemos al ’46 (1946). Dijimos que a una patética alianza de las fuerzas tradicionales, se le opuso una fuerza nueva que ni partido tenía, tuvo que pedir “partido prestado” -el Laborista- para poder presentarse. Y allí podemos apreciar lo que dijimos anteriormente, el Pueblo tenía su idea, sabía lo que quería, O mejor dicho lo que no quería y se encolumnó masivamente tras ese Coronel que los representaba. Una fuerza que era nueva como partido pero vieja en el sentimiento del Pueblo, y Perón lo sabía, lo había mamado desde chico, tal vez de su abuela india.
En esas elecciones Perón arrasó. Se nacionalizaron los resortes que podían impedir un desarrollo propio, comenzaron a crearse las bases de un industrialismo nacional junto con técnicos emigrados de una Europa devastada, llegaron los “ingeniere” italianos y los técnicos alemanes, comenzaron a crearse industrias que sustituían los productos que antes se importaban y que no se podían importar más ya que Europa debía reconstruirse y EEUU estaba más preocupado por su “Plan Marshall” y por “frenar” al Comunismo, así que no tenían mucho excedente para exportar.
(Aquí otro comentario al margen. Muchos por ingenuidad, otros por ignorancia y otros por mala leche, le recriminan al régimen peronista no haber creado “industria pesada”. Eso es tan insostenible como pretender resolver ecuaciones de 3º grado sin haber aprendido la tabla del cuatro. ¿Cómo puedo fabricar Usinas eléctricas, si no fabrico tornillos? Además es una falacia ya que se pusieron en marcha astilleros, fábricas de tractores, fábrica de aviones y de locomotoras).
Crecieron las industrias, comenzaron a formarse técnicos y operarios calificados, ahí donde solo había peones de pata al suelo y ahí, creo, estuvo lo más profundo del régimen, algo que ni el propio peronismo supo señalar estupidizado por su propia ceguera histórica. Porque transformar en menos de 10 años a una sociedad pastoril en una sociedad pujante, hábil en procesos tecnológicos y ávida de conocimientos es una verdadera revolución. Ya que si antes del ’46 en el barrio se veían sólo al almacenero, al zapatero remendón, al tintorero y a la modista a partir del ’46 aparecen los torneros, los soldadores, los técnicos electricistas, etc., lo cual marca un cambio en la geografía social del barrio (Extrapolemos esto a la ciudad, a las provincias, a la Nación). Y eso no se logró porque el mesías lo cedió graciosamente, si no porque había “materia prima” para hacerlo y los recursos se orientaron para lograrlo.
Los logros sociales del peronismo son bien conocidos y no es un tema para tratarlos en éste momento, sólo decir que todo debe ir de la mano, acompañando, ya que una sociedad es un todo y si se quiere crecer, no se puede hacer sino simultáneamente en todos los frentes, para dar un ejemplo, en medicina se logró eliminar el paludismo, enfermedad endémica del Norte Argentino que enfermaba y mataba gran parte de la población. Otro logro también callado, como todo el trabajo de Carrillo.
Pero lo más raro es que no solo lo callaron los detractores, sino que también lo callaron los propios defensores del régimen que prefirieron batir bombos como aduladores de una persona, que a hacer ver que todos, cada uno en su función, hacían algo para transformar al país.
Por eso, por la miopía de unos, la ingenuidad de otros y la ubicuidad de otros tantos, se creyó que el poder era solo “ganar elecciones”. Se empezó a creer que solo con un segmento de la sociedad se podía seguir. Entonces lo que había sido un movimiento pluriclasista, comenzó a excluir a aquellos que querían otras formas, se comenzó con una “lucha de clases” que no existía, se excluyó a una clase media que había sido producto de la expansión económica y social de la primera etapa. El mismo régimen excluye a los primeros intelectuales surgidos gracias a su propia revolución y los empuja a “la contra”. Los que deberían haber sido los continuadores son rechazados por ignorancia o miedo a aggiornarse.
La supuesta “organización” del movimiento no era más que un corso que anulaba todo por lo que se había luchado y casi podríamos decir que negaba su razón de ser y sus orígenes.
Entonces las fuerzas de siempre encontraron un caldo de cultivo propicio para su regreso. Con el mismo barniz de siempre volvieron las frases grandilocuentes y aprovechando las fisuras que el mismo régimen había abierto y que estaba en manos de obsecuentes y adulones (Y ya sabemos cómo son éstos cuando tienen que poner el lomo) lo derrocaron.
Allí se vio nuevamente la realidad y las verdaderas intenciones de los “libertadores”. No solo destituyeron a lo que demostró estaba aquilosado, ya que aún siendo mayoría no pudo defenderse, si no que comenzó la proscripción y persecución de la mitad del país. Se fusiló, cosa que “el tirano prófugo” ni siquiera había pensado, se jugó con el cadáver de la esposa del “Tirano”. Pero, y lo que es peor, se comenzó a destruir todo el andamiaje económico que la sociedad en su conjunto había construido. Entramos al FMI, se abolieron los convenios bilaterales de comercio exterior, se disolvió el IAPI, pasando nuestras exportaciones a manejarse “sin la intervención del estado”. De todas las conquistas sociales sólo quedó el artículo 14 bis de la constitución repuesta de facto.
Todo esto con la complicidad de los sectores “democráticos” de la sociedad, aquellos que en su momento habían formado la Unión Democrática, Radicales, Socialistas, Comunistas y por supuesto todo el establishment, siempre escudados tras palabras grandilocuentes tales como libertad, republicanismo y democracia. Defendían la libertad fusilando, la República violando sistemáticamente a la Constitución y a la Democracia proscribiendo al 50% del pueblo.
Pero éste Pueblo no estaba dispuesto a que lo arrastraran tan fácilmente a otra década infame, no les sería tan fácil.
Fin de la II parte.

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