por Carlos Antunez
Como dice el título, ésta es una brevísima reseña de nuestra tragedia como país. No es fácil resumir casi 150 años de historia en unas pocas páginas.
Como dice el título, ésta es una brevísima reseña de nuestra tragedia como país. No es fácil resumir casi 150 años de historia en unas pocas páginas.
Todos los temas aquí mencionados merecerían un mayor desarrollo pero ello no sería una nota, sino un tratado. Lo importante de éstas notas es marcar las luchas y los proyectos antagónicos - no los métodos, como nos quieren vender los adalides del “diálogo y el consenso”- que se desarrollaron desde casi los inicios de nuestra patria. Ya que ese clima de “crispación y antagonismo” en el que estamos viviendo, no es más que la lucha entre dos conceptos de país, allí es donde se demuestra la falacia del sacrosanto diálogo y lograr acuerdos. En la vieja lucha de la patria ó la colonia, entre la liberación ó la dependencia, no hay términos medios, es imposible ponerse de acuerdo.
Dejamos el relato con el derrocamiento de Perón por parte de una conjunción de fuerzas cívico-militares a las que se sumó, tal vez por primera vez y en forma desembozada, la alta jerarquía de la iglesia católica. Los aviones de la marina de guerra que bombardearon Plaza de Mayo en Junio de 1955 tenía en su cola pintadas una cruz y debajo la V de la victoria y el lema era “Cristo Vence”.
Con respecto del bombardeo de Junio de 1955, la UCR saca un comunicado, que entre otras cosas dice: “La UNIÓN CIVICA RADICAL afirma que la revolución del 16 de junio es producto del Régimen. Mientras no cese el sistema totalitario que lo caracteriza, subsistirán las causas del estallido. Sólo se evitarán con la libertad.
Las explicaciones oficiales son incompletas y falsas. Son falsas porque callan calculadamente las auténticas causas que están obrando hace tiempo en la conciencia argentina y la llevan a repudiar la agresión permanente del Régimen contra los fundamentos morales y democráticos de la República. Muchas son las causas del 16 de junio.
La fundamental es la supresión de las libertades. La finalidad capital de tal supresión es impedir las reacciones populares ante la corrupción y la crisis económica originada por la política oficial y contra el intento de consumar la entrega del patrimonio y de la soberanía de la Nación”.
En otra parte del comunicado se puede leer “…pretende (el Gobierno) de este modo inculpar a marinos y aviadores que han expuesto su vida, su carrera, su tranquilidad y la de sus familias para asumir la responsabilidad de terminar con un gobierno de fuerza”.
O sea, que se haya bombardeado y ametrallado a una ciudad abierta en tiempos de paz, causando un número aún no precisado de muertos -se habla de más de 300- todos ellos civiles, con el agravante que la ciudad es propia y sin ningún tipo de advertencia previa o algo que lo hiciera prever era culpa de Perón y no del odio de la Oligarquía, muy Radical el comunicado.
Por ello, cuando el 16 de Septiembre de ese mismo año el Ejército se rebela en Córdoba y la Marina de Guerra al mando del almirante Isaac Rojas - el Gobierno había hecho quitar todas las espoletas de las bombas y racionar el combustible de la marina de guerra después de la intentona del mes de Junio, para tener capacidad operativa, es aprovisionada en mar abierto por buques ingleses- bombardea con la flota los depósitos de YPF en Mar del Plata, amenazando hacer lo mismo con las destilerías de La Plata y Dock Sud, Perón decide renunciar, asumiendo el gobierno de la autotitulada “Revolución Libertadora” el General Eduardo Lonardi, un militar ultracatólico que tiene la infortunada idea de declarar que no habría “Ni vencedores ni vencidos”, despertando el recelo de los verdaderos artífices de esa revolución cuyas caras visibles eran el ya nombrado Almirante Rojas y el General del Ejército Pedro Aramburu.
¿Tanto alboroto para que no haya ni vencedores ni vencidos? Lonardi “renuncia por problemas de salud” y lo reemplaza el General Pedro E. Aramburu que asume la presidencia y tiene como vicepresidente (¿) al Almirante Isaac Rojas.
Se interviene la CGT, se encarcela a todos los funcionarios del gobierno Peronista, se destruye la Fundación Eva Perón (una fundación privada), se prohíbe el nombre Perón, peronismo, así como también sus símbolos y canciones. Se anula la constitución de 1949, reemplazándola por la de 1852. Y ante el levantamiento de un grupo de civiles y militares en 1956 que se oponían al gobierno de facto se los fusila a algunos con juicios sumarísimos y a otros en forma clandestina. ¡Qué simpática que es la historia con algunos personajes! El Tirano es aquel que, pese a tener el poder delegado por el voto popular y la constitución, con el Poder Legislativo en funcionamiento, ante un hecho como el bombardeo a Plaza de Mayo toma el camino de la ley, mientras que los demócratas son los que fusilan por una intentona.
Luego de un interregno de casi dos años, el Gobierno de facto llama a elecciones.
En éstas elecciones del año 1957 se excluyó al 50% de la población y ganó Frondizi (Tal vez el único intelectual en alcanzar la Presidencia de la Nación), quien tras realizar un pacto con Perón en el exilio, trata de implementar una política económica que con otras maneras, retome el camino abandonado. Pero como dijimos, nuestros intelectuales sufren de miopía histórico-social, y mediante Plan Conintes y grandes idas y vueltas y planteos militares todos los días, defección a sus compromisos y por todo esto sin base popular, comienza a transformar a su gobierno en una triste caricatura de sí mismo donde los poderes de siempre junto con su brazo armado hacen y deshacen a piaccere.
Primero renuncia su vicepresidente y luego de un tiempo un golpe palaciego con una mueca de destitución institucional coloca al Presidente de la Corte Suprema de Justicia en su lugar. Un oscuro y borrachín abogado funcional a las necesidades y fines del “establishment”.
Hagamos aquí un alto para entender el estado de descomposición del régimen Peronista en el ’55. Lo que la tan mentada organización del Peronismo había logrado en los últimos tramos de su gobierno, fue un “achanchamiento” de sus cuadros dirigentes, si no una obsecuencia tal que excluía al que pensara en forma autónoma. El culto hacia “la única persona” llevó a matar lo vital de todo movimiento popular. Esto quedó demostrado con la caída del régimen ya que “liberado” el pueblo del cepo de sus dirigentes burocráticos, la verdadera organización se hizo más fuerte, y la “Resistencia Peronista”, excluidos aquellos que solo trabajaban de dirigentes, triunfaron , la mayoría fueron excluidos de la nueva “organización”. Pero esto es adelantarse en el tiempo).
Sigamos. Tenemos a Frondizi “destituido” y encarcelado en Martín García y por ahora “suspendido” su proyecto de desarrollo mediante un ambicioso plan petrolero (Casi la continuación del Plan California del ’54). Durante su presidencia, Frondizi, trató de reconciliar dos proyectos de país que él consideraba diferentes, cuando en realidad eran antagónicos. (Digámoslo claro, los proyectos eran tan antagónicos como Patria o Colonia). Creyó que podía contentar al establishment poniendo a Alsogaray como Ministro de Economía y que con éstos contentos y tranquilos podía realizar su proyecto. Tarde se dio cuenta que para ésta gente es todo o nada, no hay negociación ni consenso, si se cede algo toman todo y basta.
Como dijimos anteriormente Frondizi tenía las contradicciones de todo intelectual argentino y le faltó visión ya que para construir lo que se quería había que pelear a fondo y se pelea a fondo en todos los frentes. Al intelectual le faltó el guerrero, ya que con el establishment no se razona se pelea con sus mismas armas y en todos los frentes. Y cuando traicionó a Perón, traicionó al pueblo peronista que era lo único que podía salvarlo.
Viene al caso la negociación de Rosas cuando el bloqueo Anglo-Francés. Al estar bloqueados, Rosas decide no enviar más oro en moneda a Inglaterra para pagar el empréstito tomado por Rivadavia (Que dicho sea de paso, nunca fue demasiado, solo un poco para no romper relaciones). A su vez mediante algunos emisarios comienza una campaña periodística en la misma Londres, donde expresa que la Confederación no puede seguir enviando las remesas por culpa del bloqueo que la misma Inglaterra y Francia le hacen. Tal es la presión de los tenedores de bonos ingleses a su gobierno que no les queda otra que negociar. O sea, los poderosos solo negocian cuando se les muestran los dientes, pero claro, para lograr esto hay que tener un respaldo que obviamente no se logra de espaldas al pueblo. Al establishment no se le puede pedir que vaya en contra de sus intereses, por más que éstos se opongan a los intereses de su país. El establishment es esencialmente apátrida o cipayo.
Retomemos la cronología. El gobierno títere de Guido llama a “elecciones libres” y en éstas elecciones, con el peronismo nuevamente proscripto y sin realizar pacto alguno gana Illia, con el 25% de los votos. En esas elecciones la mayor cantidad de votos fueron los votos en blanco o impugnados.
Así sube al gobierno un presidente sumamente debilitado política e institucionalmente ya que su único respaldo es el beneplácito de las fuerzas armadas ya erigidas en vocero y brazo armado de los poderes de siempre. Esto quedó evidenciado con una de las primeras medidas que tomó. Anuló los contratos petroleros firmados por Frondizi.
Mientras tanto, argentina vivía un “veranito” económico-productivo desde comienzos del gobierno de Frondizi hasta mediados de la década del 60, aunque esto no se evidenciara en los discursos gubernamentales ya que durante su presidencia se llegaron a bajar las jubilaciones.
Este veranito era fruto de los emprendimientos industriales privados que tuvieron su inicio durante el gobierno de Perón y que ya estaban afianzados, creciendo y multiplicándose.
Ahora los estudiantes no solo querían ser bachilleres, abogados, médicos o contadores. También estudiaban carreras técnicas, querían ser ingenieros. La sociedad veía que sus posibilidades se acrecentaban porque había muchas fábricas que iban a necesitarlos. Ya no éramos un país agrícola ganadero, sino que también éramos un referente regional en el campo industrial. Tal era así que la incipiente industria brasilera era nada en comparación.
En el campo cultural comenzaba la aparición de las diversas corrientes que explotarían en el Di Tella, con el surgimiento de nuevas expresiones musicales y artísticas, acompañando los fenómenos mundiales de esa recordada década del 60. Las Universidades comenzaban a politizarse y a acercarse a la realidad, saliendo de la caja de cristal en que estaban inmersas hasta entonces, comienzan a afianzarse las carreras sociales tales como psicología, filosofía y sociología.
Pero este no es el tema que tocamos, solamente lo menciono para tener un pantallazo de lo que sucedía en ese momento.
Estábamos en el año 1963 con Illia como presidente. Políticamente un presidente que asumió, como dijimos, con una debilidad que sería el germen de su caída. Sin base popular y creyendo que igualmente se podía ser democrático (Una democracia sin Demos). Quiso aferrarse a una constitución que eran solo palabras vacías si se intentaba hacer algo que rozara aunque sea en lo más mínimo al poder verdadero, esos que mandaban a los militares a realizar las cosas por cuenta y orden suyas. Así lo comprobó cuando tuvo que presionar a Brasil para impedir el regreso de Perón en el ’64 y cuando tuvo que anular unas elecciones donde el peronismo había arrasado presentando a sus hombres en varios partidos ignotos. Allí Illia se dio cuenta del triste papel que debía ejercer. Solo le quedó el camino de ser formalmente democrático y esperar que pase el tiempo.
Pero para los viejos poderes, éste tipo que creía en la constitución y no se daba cuenta de su rol ya le resultaba incómodo. Fue así que un grupo de militares empieza un acercamiento a un grupo “dialoguista” del peronismo con Vandor como cabeza visible. (Observemos el grado de desarrollo industrial que tenía el país que el sindicato más fuerte era el Metalúrgico)
En medio de todo esto, dos facciones del Ejército comienzan a dirimir su poder en una interna, y como buenos militares que son, zanjan sus diferencias en un estúpido juego de guerra que se llamó Azules y Colorados. Era curioso ver a la gente mientras hacía sus tareas diarias observar pasar tanques, batallones enteros de soldados, sobrevolar aviones sin saber de qué se trataba, escenas dignas del surrealismo ó del neorrealismo italiano. Esa interna la ganó un general de gesto adusto y grandes bigotes llamado Onganía quién en el año 1966 derroca al presidente constitucional.
Patética y gráfica es la escena del presidente echado a empujones de la casa de gobierno por la policía, tratando de defender las formas de un sistema democrático que carecía de legitimidad, que era solo la cáscara de algo que más que un gobierno era una gerencia, y el gerente y su directorio se negaban a verlo así, es que a veces la ingenuidad o la necedad no nos dejan ver la realidad. El gobierno no es necesariamente el poder.
Otra vez el golpe y otra vez los personeros de siempre de los poderes de siempre están en el gobierno con Onganía a la cabeza. Comienza la “Revolución Argentina”, esa que duraría por lo menos 10 años.
Entonces un nuevo plan comienza a gestarse, queda demostrado que si querían llevar a cabo sus planes no podrían hacerlo con medios “democráticos” ya que ni siquiera una democracia vacía de contenidos, una democracia donde se eligiera solamente entre los “aprobados” por el establishment, donde se excluía al 50% de la población podría ser garantía. Así que se decide excluir del todo al Pueblo y gobernar con esa clase de gerentes que solo acatan órdenes, las fuerzas armadas.
El plan de destrucción está en marcha. Se comienza con la Universidad en la recordada “Noche de los bastones largos” ya que la irrupción de esa clase formada durante los años de ascenso social, los que eran los únicos privilegiados, ya estaban ahí con su pensamiento propio y con guías como Jauretche, Scalabrini Ortiz, Hernandez Arregui, Silvio Frondizi y otros que los lleva a ver al país desde adentro. Ya no es la separación de clases la que domina sino que se empieza a pensar “en argentino” y a ver que los problemas tienen una raíz que no es la que la cultura liberal enseñaba. Era frustrante para los poderes que algo que ni siquiera Perón había atacado, la educación liberal, comenzaba a resquebrajarse para dar paso a una “realidad más real” y no la de la biblioteca. Por eso el germen estaba allí, en la Universidad, por eso se la atacó con más fuerzas que a la casa de gobierno. Ellos ya se la veían venir, la ecuación sindicatos obreros fuertes junto con una juventud preparada intelectualmente y conectada con la realidad (Porque muchos eran hijos de obreros), era una fórmula muy peligrosa para sus intereses.
En materia económica estaba Krieguer Vasena, lo que era una garantía.
Pobre Onganía, pensó que paseando en carroza por la Sociedad Rural podía volver el tiempo atrás. La efervescencia era mundial, acontecimientos tales como el Mayo Francés hacen pensar a la juventud argentina que la imaginación podía llegar al poder. Entonces el “Luche y Vuelve” que era la bandera de la Resistencia Peronista comienza a hacerse propia de los sectores medios de la juventud universitaria.
Así se suceden “El Cordobazo”, con el gringo Tosco a la cabeza, ó “El Rosariazo”. Onganía no tiene paz. Es más, el plan económico de la oligarquía que estaba tan “atrasado” como toda la dictadura ya que era un volver a las estructuras de principios de siglo, comienza a mostrar sus fisuras, continuas devaluaciones y ajustes financieros que solo beneficiaban al sector agroexportador.
Politicamente, el trasnochado proyecto de Peronismo sin Perón comienza a hacer agua porque el Pueblo era peronista de Perón y no había ni Vandor ni 62 Organizaciones que los llevara de las narices, sobre todo habiendo en él líderes que surgían desde la militancia y la resistencia. Con Perón aún vivo no habían sugido ni Urquizas ni Alveares que lo reemplazaran.
La Resistencia, acompañada por los diferentes acontecimientos de la época (Argelia, El Congo, La Revolución Cubana), comienza a tomar otras vías, ya estaban cansados de poner los muertos y comienza a organizarse militarmente.
Tanto política como económicamente, Ongania no da para más. Su idea de “gobierno por 10 años” cae mediante un pase de manos tramado por Lanusse. Para ello ponen como “presitítere” al agregado militar de la embajada argentina en EEUU.
El nuevo presidente, don Marcelo Levingston, creyó también que era el presidente y no se avivó que en realidad el que mandaba era su “elector” Lanusse. Éste, defraudado, decide demostrárselo y decide hacerse cargo del asunto en persona. Otro golpe de palacio y cae Levingston. Lanusse es el presidente, el tercero de la “Revolución Argentina”.
Como habíamos dicho, la Resistencia Peronista, junto con las juventudes obreras y universitarias, habían decidido apretar al régimen por todos lados y el régimen decide responderle en el campo que mejor maneja, el militar.
Estamos ya en el año 1972, y el 22 de Agosto se aplica la “Ley de fuga” que se hará moneda corriente en unos años más. Un grupo de prisioneros políticos que habían logrado fugar del penal de Rawson, son recapturados y fusilados en la Base Almirante Zar en Trelew.
La espiral de represión y violencia se hacía insostenible y la única salida de que no explotara era tratar de descomprimir la situación y tirarle el fardo al único que podía arreglar eso. Perón. De esta manera la oligarquía podría volver a las sombras y desde allí reagruparse y volver con todo.
Después de 18 años de exilio vuelve finalmente el viejo General. Lanusse llama a elecciones, llama al GAN (Gran Acuerdo Nacional) al cual adhieren los partidos afines, el peronismo contesta formando otro frente de diálogo llamado “La Hora de los Pueblos”, mientras que Lanusse empieza a chicanear a Perón para que sea candidato. Éste decide no presentarse a la elección pese a no estar más proscripto.
Se forma el FREJULI y la fórmula es Campora-Solano Lima, la cual gana por el 49,5% de los votos contra la fórmula Balbín-De la Rua que obtiene el 21,3%.
El 25 de Mayo de 1973 asume Cámpora a la presidencia. El Pueblo volvió después de 18 años de luchas y sacrificios. Argentina era una fiesta. Movimiento Obrero, Juventudes Universitarias, Sacerdotes y el Pueblo estaban en comunión. La Oligarquía se iba con el rabo entre las patas (¿Se iba?).
Nadie sospechaba los negros nubarrones que se venían. Solo lo sabían los que estaban agazapados para dar el zarpazo.
Pero esto es para otro momento.
“…la oligarquía, dominante frente a los argentinos y dominada frente al extranjero. Que esa clase esté temperamentalmente inclinada al asesinato, es una connotación importante que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encare la lucha contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”. Rodolfo Walsh
(Fin de la parte III)

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