Desarrollo sucio


por Mariano Medina

Como hace unos meses con la investigación sobre los efectos perjudiciales del herbicida glifosato, nuevamente la universidad pública pone en la agenda los problemas que genera el modelo de desarrollo. El investigador Juan Carlos Colombo, que dirige el Laboratorio de Química Ambiental de la Universidad de La Plata, elaboró un informe que prueba que la planta pastera Botnia arroja nonilfenol a las aguas del río Uruguay. Esta sustancia, que en altas dosis puede alterar el sistema hormonal de los organismos vivos, se encuentra prohibida en la Unión Europea desde hace cuatro años, por considerarla peligrosa. Análisis realizados en la propia Europa comprobaron que los ríos expuestos a la contaminación por nonilfenol presentaban una merma en la cantidad de peces, debido a que el macho no producía espermatozoides. Interrumpido el uso de la sustancia los peces volvieron a reproducirse con normalidad. El nonilfenol, en grandes concentraciones, puede incluso producir consecuencias para quienes viven sobre la tierra: se reportaron casos de cáncer de testículo, de próstata, disminución del nivel de testosterona y de la calidad del esperma. En las mujeres, cáncer de mama, endometriosis y muerte embrionaria. Estas enfermedades también se transmiten a los hijos que engendren.
El laboratorio de la Universidad de La Plata tiene el único equipo que hay en el país para analizar muy bajos niveles de contaminantes orgánicos. El informe prueba que la tecnología utilizada en Fray Bentos no es la más avanzada de Europa, sino la que ya ha sido descartada por peligrosa y obsoleta.
Es claro que Finlandia, como otros países europeos, ha decidido limpiar sus aguas y suelos sobre la base de trasladar las actividades contaminantes a países del tercer mundo, ávidos de inversiones productivas que generen empleo e impacten sobre la economía local. El problema es que algunas inversiones pueden ser rentables en el corto y mediano plazo, pero con los años o décadas revelan que los beneficios que generan pueden ser mucho más exiguos que los costos. El modelo de desarrollo en nuestros países ha seguido este patrón: industrias obsoletas, de escasa eficiencia y productividad relativas, que terminan destruyendo el medio ambiente, y con él, a sus poblaciones. Hoy, Finlandia puede mostrar orgullosa que las aguas de sus ríos albergan una rica fauna ictícola. Pero como contracara de ese “desarrollo limpio” encontramos que nuestros ríos, tierras y aire se van cargando de sustancias tóxicas.
Pan para hoy, hambre para mañana. La condición del desarrollo es que debe ser sustentable. Esto es, una comunidad no puede desarrollarse a costa de hipotecar su futuro.

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