El Grondonómetro: hoy, Santiago Kovadloff

por Marcelo De Angelis
Hay algo de seductor detrás de su barba prolija y su tono apacible. Cada una de sus sentencias ha sido meditada cuidadosamente. Suenan pulidas, tersas, tienen la calidez de un sabio que narra una fábula al pie del hogar.
Se nota que saborea cada palabra, que degusta cada frase, enamorado de su propia voz. Santiago Kovadloff es un auténtico hedonista de la palabra.
Este cuadro intelectual de la nueva derecha republicana carece de la brutalidad de un Marcos Aguinis, y su construcción discursiva es bastante más interesante que las rústicas elaboraciones del autor de “Pobre Patria Mía”.
En sus frecuentes incursiones mediáticas, suele dejar fascinados a periodistas como Clara Mariño, Luisa Valmaggia, Pepe Eliaschev, Nelson Castro y Alfredo Leuco, calmando la crispación habitual de esos comunicadores y aportándole a sus cosmovisiones algo parecido al pensamiento.
El domingo pasado fue invitado, una vez más, al programa Hora Clave. Su capacidad sintáctica y su dominio del lenguaje contrastaba claramente con la limitación intelectual que caracteriza a Mariano Grondona, subyugado ante la habilidad verbal del “filósofo”.
El problema con Kovadloff es que, embelesado ante el espejo de sus propias palabras y de su arquitectura conceptual, ha transformado su pensamiento en un sistema cerrado. Cuando habla, es más lo que calla que lo que dice. La luz de su filosofía nos obliga a mirar en una sola dirección, dejando en la oscuridad a miles de preguntas. Su pensamiento no es liberador, se parece demasiado al catecismo que emana desde Washington.
Si te he visto no me acuerdo
A la hora de disertar acerca de cuestiones como democracia, república, respeto a las instituciones, y todos los etcéteras, la primera gran omisión, el silencio fundacional, es el mismo interlocutor. ¿Es justamente Grondona el personaje adecuado con quien ponerse de acuerdo sobre esos temas?
Hay que hacer un gran esfuerzo de olvido, de “acá no ha pasado nada”, para subirse al púlpito de la razón y la institucionalidad, y desde esas alturas condenar la herejía kirchnerista, teniendo enfrente a quien ha sido propagandista de dos dictaduras militares y del saqueo neoliberal.
Seguramente ese esfuerzo es el que le hizo olvidar a Kovadloff cuando reclamaba, allá por el 2002, un “Nunca Más” para los responsables políticos del sistema que colapsó a fines del 2001.
“Para que la justicia vuelva a ser una experiencia social de la verdad, es preciso enjuiciar y condenar a los responsables ideológicos y materiales de esta tragedia. Enjuiciarlos y condenarlos como ayer se hizo con los responsables militares del terrorismo de Estado”, afirmaba sin tapujos en el diario La Nación, para beneplácito de su tío, Jacobo Kovadloff, consultor para América Latina del Comité Judío Americano.
Lo cierto es que el domingo tenía una gran oportunidad frente a Mariano Grondona, y la dejó pasar. Será que ya no es tan importante “que la justicia vuelva a ser una experiencia social de la verdad”.
Volver a la normalidad
Normalizada su relación con el establishment, ahora Kovadloff promueve “el encuentro entre la filosofía y el mundo empresarial”.
Junto a su colega Aguinis, integra además el Consejo Asesor de la Fundación RAP (Red de Acción Política), entre cuyos objetivos está “apoyar a políticos dentro de un marco de diversidad partidaria e ideológica”. Los compromisos que exigen a los “políticos RAP” son, entre otros, la “lealtad al conjunto de la ciudadanía, defender el Bien Común y el Interés General”, “facilitar el control social e institucional de la gestión, prevenir todo abuso de poder y compra de voluntades”, y “no valerse de la actividad política para su enriquecimiento personal, no incurrir en prácticas clientelares, no hacer propaganda basada en jactancia o falsedad, y no judicializar la política”.
Lo llamativo es que, entre los “políticos RAP”, hay varios integrantes del Frente para la Victoria, como el Secretario de Gestión Pública de la Nación, Juan Manuel Abal Medina (del círculo político más cercano a Néstor Kirchner). ¿Cómo cumple con el Compromiso RAP alguien tan cercano al Demonio mismo? ¿O ser anti K es una buena manera de posicionarse en los círculos íntimos del establishment?
Tampoco se entiende cómo es que el radical Ernesto Sanz, “político RAP” y amante de la judicialización de la política, cumple con ese compromiso.
Un sueño azul
“Mi sueño es que la Educación sea una política de Estado, y que prescinda de cualquier Gobierno”, señalaba Kovadloff ante el beneplácito del ex vocero azul Mariano Grondona. Esta exaltación de “La Educación” como un valor absoluto, es propio del discurso de la burguesía, y todos coinciden ante su mero enunciado en cualquier mesa de debate.
Acá volvemos a lo que calla Kovadloff cuando habla. ¿Qué significa ese enunciado y cuáles son sus implicancias?
Si la Educación está desacoplada de los Gobiernos, que en un sistema democrático representan a las mayorías, significa que estas no tienen acceso al diseño de las políticas educativas. Sólo en una visión elitista, de minorías dominantes, “la Educación” es algo permanente, que no cambia, inculcadora de “valores absolutos”. Una visión antipolítica y gerencial, en la que los Gobiernos sólo están para “gestionar”, y no son parte de ningún proyecto de país. Un diseño del mundo en el que los iluminados, tal vez integrantes de fundaciones, sean los encargados de adoctrinar a los dirigentes políticos y determinar el rumbo de las políticas públicas.



1 comentarios:

  1. Santiago Kovadloff es el típico seudo pensador de "palabra vacía".
    Lo bueno es que ya tomó posición y está bien a la derecha.
    Lejos quedaron los tiempos de pensar en mover las cosas, ahora el acomodamiento a lo establecido es su lema.,
    Si se lo acusa mucho enseguida esgrime armas de judío ofendido, y uno debe retroceder aunque nunca haya dicho nada ofensivo.
    Sabe armar con Grondona el dúo perfecto de la tibieza soporífera. Adormece adormece que algo quedará.
    De su amigo Marcos Aguinis que podemos decir que no se haya dicho!?
    Son tal para cual.
    Hombres embelesados por palabras que corroboran su posicion femenina.
    Con perdón de las mujeres.

    Maria Cristina Saudañes

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