¿Habrá “sintonía fina” para TBA?



Por Marcelo De Angelis, pasajero del tren Sarmiento 


A los que viajamos habitualmente en el tren Sarmiento no nos hace falta ninguna explicación acerca de lo que pasó en la estación Once.
No necesitamos que la prensa carroñera, los políticos oportunistas o los funcionarios cobardes nos expliquen las causas de por qué hoy estamos lamentando la muerte de cincuenta compatriotas que tuvieron la desgracia de ser trabajadores en un país donde la vida vale menos que un boleto de tren.


Porque de esto hay que hacerse cargo. En la Argentina, la vida de miles de trabajadores vale menos que un grupo de parásitos que hace más de 20 años llegó para saquear al Estado.
De nada sirve ahora recordar que fue el traidor Carlos Menem quien invitó a TBA a la orgía privatizadora para que hagan del “gerenciamiento” de la Línea Sarmiento un mugriento negociado cambiando dólares por muerte en alguna mesa de dinero.


Podrá aplacar a los cínicos o a los desprevenidos salir a denunciar ahora que los hermanos Cirigliano usaban los subsidios para comprar dólares, o que con esos dólares se compraron casinos en Entre Ríos o Formosa, pero la muerte de esos 50 trabajadores empezó hace mucho tiempo.
Empezó cuando TBA desembarcó en la Línea Sarmiento y los obligó a subirse a vagones con puertas que no cierran, inmundas tumbas de metal con asientos y ventanas rotas, con paredes agujereadas de chapa oxidada. Esos trabajadores estaban muertos cuando TBA transformó a los furgones en tugurios para fumar porro y tomar alcohol, el mismo alcohol que se vende a cualquier hora en los boliches de las estaciones.
Esos 50 trabajadores comenzaron a morir cuando TBA clausuró ventanillas y accesos a los andenes para reducir gastos de personal, o cada vez que suspendía un tren a la noche, obligando a esperas de 30 o 40 minutos bajo la lluvia y el frío invernal en estaciones sin techo ni refugio.


Uno de sus directores, Roque Cirigliano, dijo que todo pudo deberse a “un error humano” y el servicio “es aceptable”. ¿Cuántos trabajadores muertos son “aceptables” para el Estado?
Su socio estratégico ante cada evidencia del saqueo sistemático, el Secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi –un digno sucesor de Ricardo Jaime-, hizo grandes esfuerzos para ocultar el contexto de esas muertes y hacer “que parezca un accidente”.
Sus explicaciones simplemente dan asco. En su primera conferencia dijo que “hay una cultura muy argentina de ir a la punta del tren para bajar primero y pasar antes, y no hacer cola, por eso esos dos primeros coches estaban abarrotados de gente, lo cual produjo que el accidente tomara un ribete de tragedia”.

Schiavi: "Es un pelotudo", tal como
lo calificó Hebe de Bonafini
Para Schiavi resulta mucho más fácil culpar a los usuarios, pero la explicación de esa “cultura muy argentina” es que TBA suele bloquear la mayoría de los molinetes en la Estación Once, dejando habilitados unos pocos y generando así un embudo que facilita la tarea de control sobre los pasajeros y reduce gastos de personal, produciendo largas colas que para un trabajador suelen ser la diferencia entre cobrar o no la puntualidad, o recibir una sanción en su trabajo.
Para colmo, este patético burócrata lamentó que la colisión ocurriera en un día laboral, porque “si esto hubiera sucedido ayer, que era un día feriado, seguramente ese coche hubiera impactado y hubiera sido una cosa mucho menor”.
Tal como lo definió Hebe de Bonafini, el ingeniero agrónomo Schiavi “es un pelotudo”. En mi barrio lo llamamos de otra manera, no tan moderada. Este proyecto político, si todavía pretende ser verdaderamente transformador, debe tener la capacidad de autodepurarse expulsando a funcionarios como el actual Secretario de Transporte.


La Investigación de Transporte Urbano Público de Buenos Aires- INTRUPUBA- realizada por la Secretaria de Transporte de la Nación durante los años 2006 y 2007, arrojó como resultado que la Línea Sarmiento transportaba, en un día hábil típico del año 2007, alrededor de 240 mil pasajeros, casi el 20% del total de usuarios del sistema ferroviario metropolitano (hoy se estima que transporta unos 10 millones al mes). De ese total, el 73% lo hace por motivos de trabajo, camina unas 10 cuadras tanto para acceder a la estación de origen como para llegar al destino final del viaje, y casi un 50% hace combinación con algún colectivo.
En cuanto al nivel socioeconómico de los usuarios del Sarmiento, la INTRUPUBA señala que un 43,3% tiene sólo el secundario completo, apenas un 10,6% cuenta con estudios universitarios completos, y casi el 80% de los pasajeros habituales de esta línea se ubican en hogares de nivel socioeconómico Bajo Superior, Medio Inferior y Medio Típico.


Estas cifras no hacen más que confirmar lo que señala la percepción cotidiana: quienes dependen de la Línea Sarmiento como medio de transporte a lo largo de sus casi 40 kms., son trabajadores, que además no cuentan con alternativas reales.
Sin embargo, desde hace más de dos décadas, su realidad efectiva se encuentra sometida al abuso, la humillación y la violencia cotidiana ejercidos por un grupo parasitario alimentado por un Estado bobo con los recursos del propio pueblo trabajador. Es la lógica perversa de contratar y pagarle al propio verdugo.


Debemos admitir entonces que los trenes nos han sido arrebatados, apropiados por un esquema de saqueo, y que uno de sus imperativos es recuperarlos.
Es tal el nivel de degradación que ha provocado TBA, que el Sarmiento no admite soluciones parciales a cuenta gota. La única solución posible para dignificarlo es el proyecto de soterramiento, que significará una transformación total y que se encuentra en una lenta marcha.
A fines del año pasado, Schiavi aseguró que estará terminado para mediados del 2015 y prevé en total un financiamiento de hasta 2.100 millones de pesos. Una vez finalizada “la obra de infraestructura más importante en la historia ferroviaria argentina”, según admitió el ingeniero agrónomo, ¿continuará siendo gerenciada por TBA?


Lamentablemente, hoy es el propio Gobierno Nacional el que está cuestionado por la muerte de 50 trabajadores y los más de 700 heridos, algunos de ellos graves, provocados por la acción humana. De poco sirve que ahora se presente como “particular querellante”, y que un funcionario asegure que desde el Gobierno “no se generan esquemas de protección para nadie”. Cincuenta trabajadores muertos sostienen cualquier sospecha al respecto, sobre todo cuando ese funcionario, el Ministro Julio De Vido, aclara que “hacemos esto porque de ninguna manera vamos a tomar desde el punto de vista administrativo acciones que estén descontextualizadas del accionar de la Justicia”, lo que equivale a decir que si el juez federal Claudio Bonadío no le asigna responsabilidades a TBA, todo seguirá como hasta ahora.


Si esta muerte en masa no implica un antes y un después en la situación de la Línea Sarmiento, esto querrá decir que nuestro proyecto político, el que ha venido transformando a la Argentina en dirección a la justicia social, tiene un costado perverso, que es capaz de anestesiar su humanidad y sepultar a cincuenta trabajadores muertos en las tumbas NN de las estadísticas y las decisiones administrativas. ¿Tendremos la sensibilidad, el coraje y la decisión de hacer llegar la “sintonía fina” al núcleo duro de la corrupción neoliberal que todavía se aferra como un tumor maligno en el sistema ferroviario?

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